WELCOME TO THE BARBIE WORLD …CHECK IT OUT!
Llegó la navidad señores y con ello un sin fin de extraños días en los que un obsesivo mar de gente -cargada hasta las pestañas de los más insólitos regalos- suelen lanzarse sobre mí para conseguir el tan preciado espacio en el asqueroso metro santiaguino. Mirando y mirando entre bolsas de grandes tiendas, he podido observar estupefacta como el reinado de Barbie lentamente se desmorona.
Hace pocos años, la celestial chica norteamericana de rasgos perfectos y facciones bien definidas, se perfilaba como la octava maravilla del mundo: delgada, alta, con un par de tetas siliconadas y un pubis asexuado tatuado con la marca Mattel y el cotidiano Made in China; la adolescente rosa, la esposa perfecta, la ejecutiva sexona y la madre abnegada, era dueña de un obsceno imperio similar a la Sony, Malboro o Coca-Cola.
Cada 24 de diciembre a las 12 de la noche, señoritas de todo el mundo, abrían sus regalos, ansiosas por descubrir cual de los 1500 modelos de B, sería el seleccionado: ¿la deportista con set de yoga, aquella con la eterna permanente de pestañas, la del pelo con extensiones que crecen hasta convertirla en Rapunzel, o la ecológica con máscara de palta incluida para masajes y una pequeña mascota inseparablemente risueña?
Multinacional y genuina, Barbie es “lo” universal, y apoteósica también. Su huella ha quedado patente en cientos de chicas rosa, que sueñan con un elegante príncipe azul que las lleva a alguna agradable playa de Malibú en un convertible último modelo. Lamentablemente eso no pasará. Es 2007 y hoy las chicas de la calle se toman la delantera: las Bratz.
Ver una Bratz me recuerda a una puta con minifalda al cuello, largas piernas que comienzan en los hombros, y un rostro con exceso de maquillaje inspirado en “Las aventuras de Priscilla, reina del desierto”
Ellas se diferencian por ser rockanroleras y desinhibidas. En el caso de Barbie, lo angelical y etéreo es la premisa, mientras que las chicas malas, cabezonas y de labios con biopolímeros mal usados, se dejan llevar por los excesos. Y es que estas mujerzuelitas tienen algo común con la pasiva B, ambas son símbolos del anti-feminismo hecho juguete: se limitan a sonreír y simplemente estar. Sus pies están cortados de tal forma que solo pueden usar zapatos con taco, o exclusivas zapatillas con las que yo personalmente me moriría de dolor. Son saludables como Carlita 8a, y tienen algo digno de Sarita Vázquez: maquillaje para toda la vida.
Pero las muñecas también se vuelven eróticas, vengativas y apasionadas. Tienen amantes estando “casadas”, se hacen enemigas y se pelean por Ken, quien absolutamente desorientado entre tanta furia quizás podría cambiar de parecer…
Llevada a nuestra patética idiosincrasia chilensis, la Bratz a escala humana, estaría en plena Avenida Suecia bailando reggaeton con Ken Ananías, quien pronto se cansaría de su semblante sin movimiento, para conocer a otra Bratz que luego discutiría con la anterior sacándose ambas cresta y media. Ananías no perdería el tiempo y vería en la barra a Barbie Larraín con su rostro beato, alimentando palomas y perritos abandonados, y contando su 2+2 es 5.
Honestamente creo que Barbie sería capaz de llevar al altar a Ken Ananías, pero los años y los golpes de la vida, la dejarían separada, embarazada, con tres cabros chicos (de los que no sabe cuál es el papá), alcohólica y de paso fumadora compulsiva. ¿Por que la Bratz canta victoria? ¿Será su esencia putística?
Bueno lo que si sabemos es que las modernas Bratz, fabricadas por MGA Entertainment, desbancaron el pasado año con un 20% más de ventas a la reina de las muñecas, vendido más de 150 millones de ejemplares. ¿Qué cosa no?
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